Catedral de Jaén - Jaen escondido

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La catedral de Jaén

Ya en el siglo XVI, la música en los centros religiosos toma nuevo impulso gracias a la sensibilización de la Iglesia, la cual se aprecia notablemente en las capillas musicales de las catedrales de Jaén y Baeza que llegan a poseer una configuración que les permite interpretar la música polifónica que se da en la época.
Posteriormente nacen otras capillas que se organizan de forma similar para la interpretación de la nueva polifonía a cuatro voces propia del momento, aunque eso no suponga de ninguna forma el abandono de la estilística gregoriana.
La constitución de las capillas estaba muy condicionada por las posibilidades económicas de los cabildos y por las tendencias artísticas que imperan en cada uno de los momentos.
Hablando de la historia de su capilla musical, habría empezar diciendo que ya existe conocimiento de su existencia en la anterior catedral gótica.
Aunque ya antes existía actividad musical en la catedral en su forma vocal, es en 1536 cuando empieza a verse una capilla con entidad, apareciendo en ella los cargos de maestro y de los distintos ministriles, ampliándose el número de músicos en las siguientes décadas hasta llegar a ser la más numerosa de la provincia.

Entre sus maestros de capilla de este siglo XVI podemos destacar a:

  • Francisco Guerrero, sevillano. El más relevante, musicalmente, por tratarse de uno de los más destacados polifonistas de Europa del siglo XVI. Ocupó a los 17 años de edad el cargo desde 1546 hasta 1549, siendo propuesto para su cese por no cumplir con la responsabilidad de enseñar música a los niños cantores, extremo que evitó tras su rectificación.

  • Francisco Ruiz de Espinosa, salmantino. Resalta este maestro por su gran dedicación a la capilla, por su colaboración y su buen hacer en la misma. Contribuyó a su crecimiento y en la ampliación del repertorio, así como en la renovación del órgano.

Como organistas podemos citar a Gerónimo Núñez, Francisco Carrillo, Pedro de Zafra o Cristóbal Figueroa.

Llega el siglo XVII y, con él, los nuevos aires barrocos con los instrumentos de cuerda frotada como elementos indispensables para desarrollar una nueva forma de entender la música. Así, la vihuela de arco hace su aparición en la capilla de manos de Gabriel de Ayala y posteriormente lo haría el arpa, con la figura de Manuel Giménez. No tarda en entrar también el violín con José de Santos, siendo la de Jaén una de las primeras catedrales donde se puede ver más tempranamente dicho instrumento.
El órgano aumenta su protagonismo, pasando por la catedral figuras de la talla de Correa de Araujo.
También se incorporan por primera vez los capones (nombre local con el que se denomina a los famosos castratti) como son Juan Díaz o Baltasar Agudo.
Con todo lo expuesto, es fácil imaginar que la capilla de la catedral de Jaén disponía en esos momentos de una dotación inmejorable, pero lamentablemente le esperaban otros momentos no tan buenos.
Podemos citar como maestros de capilla a Juan de Riscos, José Escobedo o Pedro de Soto. Y como organistas podemos destacar a Francisco Correa de Araujo, Francisco Medina (de Lopera y alumno del anterior). Ambos pueden considerarse como de los mejores organistas españoles del momento.

Entrando el siglo XVIII, la capilla vuelve a sufrir nuevos y profundos cambios viendo desaparecer instrumentos tan típicos como la corneta, la chirimía o el sacabuches, dando paso a la trompa, oboe, flauta y contrabajo. También, dentro de la sección vocal, desaparecen los capones.
En este siglo se suceden dirigiendo la capilla los maestros:

  • Juan Manuel Lapuente, guadalajeño. Este gran maestro se hizo destacar, además de por su buen hacer estando al frente de la capilla, por sus numerosas composiciones.

  • Francisco Soler, barcelonés. De gran valía musical y autor de numerosos villancicos y otro tipo de composiciones.

  • Ramón Garay, asturiano. Otro relevante músico que, además de componer para las exigencias de la capilla, creó al margen de la misma óperas, sinfonías y música para órgano. Su obra, que se conserva en el archivo de la catedral en su mayoría, sigue las tendencias de su época: el clasicismo.

Los diversos acontecimientos políticos que se suceden en el país en el siglo XIX provocan sobre la capilla una importante reducción de sus componentes y en el descenso del salario de los mismos.
Año tras año, la situación empeora hasta quedar la capilla en una situación precaria, casi inexistente, teniendo el Cabildo que recurrir a otros músicos para atender ciertas celebraciones religiosas. Poco después, esto tampoco sería posible por la cada vez mayor escasez de fondos, manteniéndose la solemnidad de las celebraciones religiosas gracias a la generosidad de antiguos músicos de la capilla que desinteresadamente se ofrecen a actuar sin cobrar.
Afortunadamente, el Cabildo consigue llegar a unos acuerdos económicos que permiten un respiro a la capilla, garantizando una cierta continuidad.

También es importante recordar, y ya en otro orden de cosas, que se producen algunas renovaciones en el aspecto instrumental, como son la desaparición de la trompa y la incorporación del figle. También, dentro del mismo aspecto, hay que resaltar de una forma muy especial la incorporación del piano, en forma de acompañamiento, en casos muy particulares como en el Miserere del Viernes Santo. Conviene recordar que el piano es el instrumento que toma mayor protagonismo en la música de los tiempos de los que estamos hablando, es decir, el Romanticismo.

Tras la muerte de Ramón Garay, el organista Miguel Laguía se hace cargo también de la dirección de la capilla, sin perjuicio de ninguna de las atribuciones que confería este cargo. Posteriormente se encargaría del magisterio de la capilla Francisco Ruiz Tejada, natural de Jaén.
Debemos hacer mención también a José Sequera, natural de Baeza, por su extensa obra, quién sustituyó al anterior por un tiempo.

La posterior reforma de la música impulsada por Pio X a principios del siglo XX es llevada a cabo fervientemente por el obispo Salvador Castellote, quien potenciaría el papel vocal en la música litúrgica, en detrimento de la participación instrumental. El canto llano vuelve a recuperar fuerza.
La misma reforma alentaba la creación de corales, como fue la Schola Cantorum del seminario de Jaén.

El maestro de capilla fue, hasta 1941, Cándido Milagro. La misma desaparecería poco después.

En 1941 contaría como organista a Guillermo Alamo, precediéndole Miguel Galán y José María Ruiz, de Mancha Real.



Hay una serie de elementos musicales que podemos encontrar principalmente expuestos en el museo de arte sacro


Además, como algo curioso y musicalmente interesante, podríamos hablar de la existencia de muchas y variadas referencias relacionadas con la música dentro de distintos elementos artísticos de la catedral
Bóveda del coro
Se representan ocho ángeles músicos con gran detalle (uno cantor y siete tocando diversos instrumentos)
Sillería del coro
Distintas tallas realizadas en tablas, sitiales y ménsulas de la sillería alta o de los canónigos
Museo de arte sacro
Distintas obras de arte en las que aparecen detalles musicales
Capilla de San Miguel
Diez ángeles músicos al fresco en algunos de los casetones de la bóveda sobre la capilla



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